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Cuando el Año Nuevo no se siente como debería

  • Foto del escritor: Adriana Bárbara
    Adriana Bárbara
  • hace 38 minutos
  • 4 Min. de lectura

Empieza un nuevo año y, casi de forma automática, nos llenamos de emoción y esperanza. Comenzamos a definir nuestros “propósitos de Año Nuevo”: adelgazar, ahorrar, cambiar de trabajo, encontrar pareja, emprender un negocio. Enero llega cargado de promesas. Un nuevo calendario, nuevos planes, nuevas expectativas.

Sin embargo, para muchas personas, el inicio del año no solo despierta ilusión… también activa ansiedad, culpa y una sensación silenciosa de insuficiencia. No es el primer año que te propones cambiar, y la experiencia te dice que no siempre sucede como lo imaginaste.

¿Por qué pasa esto y qué impacto tiene en nuestra mente?


Existe una narrativa colectiva muy poderosa al iniciar un nuevo año: “borrón y cuenta nueva”. Nos repetimos frases como: “ahora sí lo lograré”, “este será mi año”, “todo será diferente”, “yo seré mejor”. El problema es que estas declaraciones, lejos de generar tranquilidad, muchas veces detonan un conflicto interno.


Nuestra mente hace un análisis —aunque no siempre consciente— entre las expectativas de cambios radicales y logros contundentes, y los resultados obtenidos en el pasado. Resultados que no necesariamente fueron malos, pero sí incompletos, lentos o decepcionantes. Y es ahí donde comienza la tensión interna.


Nuestra mente consciente es la parte racional. Es la que analiza, planea, define metas y establece estrategias. Es la mente que sueña, visualiza y escribe propósitos. Sin embargo, esta mente representa solo una pequeña parte de quienes somos.


Por otro lado, nuestra mente no consciente nos conoce profundamente. En ella viven nuestras experiencias acumuladas, nuestras emociones pasadas y, sobre todo, nuestro condicionamiento mental: las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y sobre lo que somos capaces de lograr. Cuando la mente no consciente detecta una idea que no es congruente con esos patrones, activa mecanismos automáticos para regresarnos a nuestro estado habitual del ser.


Para ejemplificarlo, pensemos en uno de los propósitos más comunes de Año Nuevo: hacer ejercicio, bajar de peso y adoptar hábitos saludables. Al inicio te entusiasmas, te imaginas más delgado, con energía, yendo al gimnasio y comiendo mejor. Investigas dietas, te inscribes al gimnasio y todo parece alinearse.

Sin embargo, tu mente no consciente guarda información de años de descuido, frustración, desánimo o baja autoestima. Emociones asociadas a creencias como “soy inconstante”, “no tengo disciplina”, “siempre fracaso en esto”. Aquí se genera una incongruencia profunda entre lo que tu mente consciente desea y el autoconcepto que gobierna tu condicionamiento mental.


Y la mente no busca cambio; busca coherencia con la identidad que ya conoce.

Entonces ocurre lo de siempre: después de algunos días, surge más trabajo, te sientes cansado o aparece una molestia física. Esa es la excusa perfecta para abandonar. Este nuevo “fracaso” refuerza la creencia previa y restaura la congruencia entre tu pensar, sentir y actuar. Dejas de luchar y aparece una sensación de “paz”.

Pero esta “paz” no trae plenitud ni satisfacción. Es una paz anestesiante. Te permite dejar de gastar energía en luchar contra quien crees que eres, pero no te lleva a crecer ni a transformarte.


El verdadero peligro de esta falsa paz es que te invita a conformarte, a aceptar los mismos resultados que no te gustan, simplemente porque no sabes identificar esta lucha interna ni cómo transformarla de raíz.


Para evitarlo, te comparto cinco pasos sencillos que pueden ayudarte a lograr un cambio real este año:


  1. Descubre tus creencias relacionadas:

    Sé honesto contigo y observa qué piensas realmente sobre el propósito que te planteaste.


  2. Haz el trabajo interno:

    Cuestiona esa creencia. Identifica su origen y pregúntate si realmente es verdad o solo una historia aprendida.


  3. Redefine y estabiliza:

    Sustituye la creencia limitante por una nueva, sana y expansiva. Trabaja diariamente tu pensar y tu sentir para reforzarla.


  4. Sé congruente:

    Alinea tus pensamientos, emociones y acciones con esa nueva creencia. Actúa como la persona que estás construyendo.


  5. Sé constante:

    No dependas de la motivación. Aun cuando surja la duda o el cansancio, mantén tu compromiso interno.


Aplicando estos pasos al ejemplo anterior, el proceso sería así: Reconozco que mi creencia es “soy inconstante y fracaso en esto”. Descubro que viene de experiencias pasadas y mensajes aprendidos, pero no define quién soy hoy. Redefino mi creencia a: “soy capaz de desarrollar disciplina y mejorar”. Actúo en congruencia haciendo ejercicio diario y cuidando mi alimentación. Y, aun cuando la duda aparezca, sostengo mi nueva identidad con constancia.


Esto requiere disciplina mental y un trabajo interno intencional. Al inicio puede costar, pero con el tiempo se vuelve habitual. Y cuando eso sucede, el cambio deja de ser un esfuerzo y se convierte en parte de quien eres.

Así no solo alcanzarás tus metas, sino que te convertirás en una persona congruente con los resultados que deseas crear.


Si este inicio de año no se siente como esperabas, no significa que estés fallando. Tal vez el cambio no empieza con más presión, sino con aprender a comprender y dirigir tu mundo interior de forma consciente.


¿Te gustaría que te acompañe en la transformación de tu mente —y la de tu equipo— para generar cambios reales y sostenibles? Conoce mis servicios de capacitación y coaching en www.adrianabarbara.com.


En mi próximo artículo seguiremos explorando cómo usar la mente y las emociones a tu favor para avanzar con mayor equilibrio y claridad.

 

 
 
 
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